En el amor siempre fui un mal agricultor,
sembraba sueños sobre almas con dueño,
soterrada la semilla en la piel se enterraba,
y moría la esperanza plantada sobre hielos de añoranza.
De tanto perder, acostumbrose el ser.
De tanto labriego, avistando quedé un punto ciego,
perdida en la memoria de aquellos que mis campos transitaron, olvidando mis ruegos.
De tanto amar nunca limité al dar,
De tanto amar sólo caí al tropezar,
De tanto amar, la verdad, nunca aprendí a cosechar.
Pilar Ruiz-Iturriaga
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